Cualquier persona que ha manejado software libre y que está aunque sea un poco familiarizado con la filosofía del open source sabe que uno de los puntos con los que te venden la idea es la posibilidad de elegir, no estar atado a un producto y poder cambiar cuando quieras, como dicen en el tianguis: “pruébelo, sin compromiso”. Esta ideología le da vida a un sin fin de aplicaciones y distribuciones que tienen un objetivo diferente uno de otro, pero me tocó la suerte de leer un artículo en el que un promotor del software libre critíca esta misma libertad, preguntando qué tan productivo es verdaderamente tener más de 350 distros, ¿qué tan diferentes son sus objetivos verdaderamente?
Lo primero que me vino a la mente cuando leí este artículo fue una sensación de rareza, no es algo que encuentres muy seguido viniendo de la comunidad de Linux, de hecho es el arma de doble filo de la que se valen los críticos de Linux: es confuso para el usuario promedio, incluso algo espeluznante. Y es comprensible, primero te hablan de lo grande que es el sistema operativo Linux, para luego decirte que en realidad Linux por si solo no te sirve, sino que necesitas una distribución… para luego decirte que “todas son muy similares” pero “cada una tiene pequeñas diferencias, y hay que escoger la que mejor te acomode”… y lo peor de todo es cuando te invitan a probarlas para que escojas la que más te guste, pero en realidad, para ti, ¡todas son iguales!
En un ejemplo de los programas de docks (las barras estilo OS X) el autor lanza la siguiente pregunta:
Why should we have to choose? Why don’t we just work together on one single dock that does everything right?
Sin duda una de las más controversiales por la primera parte… “¿Por qué deberíamos de escoger?”. Si la leemos superficialmente podríamos confundirlo con un comentario digno de un monopolio, pero en realidad el artículo está enfocado a analizar el por qué Linux no es tán popular como Windows o Mac (la traducción del titulo es “Lecciones que Linux debería de aprender de Windows y Mac”) y desde este punto de vista (el punto de vista del usuario común) tiene razón. Un usuario de Windows o Mac no se tiene que preocupar por qué programa usar, simplemente lo usa porque es el que tiene enfrente y le sirve. Para que el software libre tenga una mayor parte del mercado, tiene que tener en mente a los usuarios promedio y hacerles la vida más fácil.
Ahora, el tener opciones enriqueze el ecosistema del software, preguntale a cualquier mercadologo y te dirá que entre más proveedores, mayor poder tiene el consumidor y por lo tanto mayor beneficio recibe, lo que en software se expresa como mejores productos. No podemos negar que cada usuario tiene necesidades distintas y que hacer un “sistema operativo universal” sería algo perjudicial, es una de las cruces que lleva el movimiento del software libre, no al monopólio. Pero estoy de acuerdo en que tener más de 350 distribuciones de Linux es algo exagerado. No es dificil contribuir a un proyecto, la mayoría de los proyectos de gran escala tienen una infraestructura para facilitar el proceso. ¿No sería más productivo desarrollar un programa y proponerlo a una distribución? ¿A dónde podría llegar la comunidad del software libre si dejara un poco el orgullo y tomara una actitud distinta frente a sus principios? No solo compartir - a veces forsozamente - sino colaborar.